Hipólito, hijo de Teseo y de la amazona Antíope, ha consagrado su vida a Ártemis y por eso se mantiene casto, dedicado a la caza. Esto provoca los celos de Afrodita, que despierta en Fedra, esposa de Teseo, una pasión desmedida por su hijastro. La nodriza de Fedra comunica a Hipólito el amor que siente su ama por él, pero Hipólito rechaza el amor de su madrastra y amenaza con comunicar a su padre todo lo acontecido. Después de esto, la nodriza logra convencer a Hipólito de que no realice tal amenaza y él se compromete a guardar silencio. Fedra, al ser rechazada por Hipólito, decide suicidarse, pero antes escribe unas tablillas en las que acusa a su hijastro de su temprana muerte. Al volver Teseo se entera de la muerte de su esposa y encuentra entre las manos de Fedra las tablillas. Enfurecido, destierra a Hipólito e invoca al dios Poseidón para que le dé muerte.
En Hipólito (428 a. C.) Eurípides describe magistralmente la terrible pasión de una mujer casada e inevitablemente enamorada de su hijastro y la firmeza casi enfermiza de un muchacho perfecto y casto.