Es el último día de Troya. La flota griega está a punto de partir y las esposas de los troyanos muertos en la guerra han sido sorteadas por sus enemigos. La reina Hécuba, en la cual se concentra todo el sufrimiento, irá conociendo por medio del heraldo griego Taltibio las implacables decisiones respecto a las troyanas: la muerte de su hija Políxena; el futuro matrimonio de su hija Casandra; los destinos de Andrómaca y de Helena; y el asesinato de su nieto Astianacte. El lamento de Hécuba ante el infortunado cadáver de éste se mezcla, al final de la obra, con el estrépito de los edificios de Troya, que se derrumban sin remedio consumidos por las llamas… ¡Troya ya no existe!
En Las Troyanas (415 a. C.) Eurípides narra el desenlace de la mítica guerra de Troya. El momento de la victoria de los griegos es el momento de las injusticias más atroces: las vidas de las mujeres y de los niños quedan al criminal albedrío de quienes han arrasado Troya. Pero la guerra de Troya sigue viva, porque es la historia de todas las guerras del mundo.